Cartas de Amor

Carta Aquella noche (corro, respiro)

Es toda una gama de recuerdos, todo un cóctel de emociones que desembocan en inevitables sentimientos duraderos que perduran insaciablemente en el hoyo más profundo del alma, dejada por una ausencia que se sentía aun cuando él parecía estar. Respiro. Me percato de la realidad que me circunda y que sin duda no veía , no respiraba, me levanto aturdida de un sueño traslucido, un sueño que con el tiempo se hizo favorito de Morfeo, tanto así que se aferró a él sin permitir que esas dos almas involucradas pudiesen despertar. Respiro. Despierto y me hallo corriendo, alejándome de ese sentimiento que sin duda llevo a cuestas de mi espalda, huyo del autor, del gestor de la carga en mi espalda, el mentor de mis ansias fallidas, de los anhelos sin resolver.

Se queda allí, sentado, mirando como huyo por mi corazón, mi mirada no cae en voltear, no queriendo observar el cuadro doloroso, de otro modo hubiese sido como la mujer de la biblia que da vuelta a su mirada y queda hecha una estatua de sal por caer en la tentación pagana de mirar atrás, de mirar las ruinas, así estaba yo, procurando no volver la mirada y derretirme en ese par de ojos hermosos y tristes, en ese ser que aniquilaría, congelaría cada uno de los esquemas de mi espíritu. Corro, corro para salvarme, corro para salvarlo, y en la tristeza que me envolvió hacia que cada paso me desgarrara la voluntad invadiéndome un profundo dolor. Pensamientos punzantes se disparaban mientras que inevitables lagrimas bajaba precipitadas por mis mejillas y caían al pos del viento que iba a la par de mi velocidad, sentía las miradas de las personas tan exceptas e inocentes de la culminación de esa historia dramática y desgarradora.

Aún recuerdo su mirada triste y vencida esa noche, tan resignado y sensato, recuerdo su voz cansada, su actitud cansada, sus caricias cansadas, aquella noche, aquella noche cuando la desesperanza danzaba por el aire antes de que él llegase, antes de que las ya inútiles palabras nacieran de nuestras bocas, aquella noche los por qués frustraban el espíritu de dos almas afligidas, los por qués nunca tendrían una respuesta, eran inútiles. Oh! aquella noche, aquellos ojos, aquellas lágrimas, aquellas últimas palabras, aquella sensata decisión; dolió, dolió, arde, duele y, sin embargo, corrí, corrí por los dos. Ahora reposo en el duelo de lo que fue y lo que nunca pudo ser, ahora, sólo quiero volver a vivir.

Autor: Ashley

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