Jul 23

El  peregrino encuentra atónito la felicidad inmensa y verdadera.
Aunque, tal vez, tan de pronto y sin buscarla, esboza irreflexivo.
Inconciente de ello, la recibe, la estruja y se abriga en su manto.
Ajeno a  presagios, libérrimo e infinito se sabe. Sacia su sed y extravío.
Al tornársele accesible el cielo, ingresa sin más… la dicha le sonríe…
Encontrando así, lo que jamás alcanzaría. Habría de saberlo entonces.
Mas tarde, incapaz se reconocería para atesorarla y conservarla…

Empieza así, su infernal batalla de sangrientos lustros.
Lamentos, desvaríos incontables e inenarrables lo asaltan.
Desgitanizar quiere un día, a aquella que en antaño tuvo.
Sin detenerse a pensar, si pueda ser recíproca descomunal empresa.
La añoranza y nostalgia lo embargan constantes e inmisericordes.
Ansía consuelo, desasosiego y descanso en su regazo.
Prosiguiendo su camino, si fue camino, acaso…

Precisa andar sus andares, soñar sus sueños, dormir sus siestas.
Embriagarse de sus despertares, que más quisiera.
Abandonarse, sin términos, a su mundo, ahora ignoto.
Ser de ella, otra vez, solo quiere. Apela entero a quimera tal.
Desea cantarle su amor y vida. Volver al inicio, reconvertido, asegura.
Inexorable contempla, inerme, sus solitarios y ajenos balcones.
Todo lo tuvo y nada tiene. ¿Nada le quedará?…

Vuelve entonces, incansable, reincidente, por la calle de su amada.
Aquella que recorrería su vida entera y más.
Y, decidido a todo, arrojado pero nervioso, reaparece en su puerta.
Esperando se abra y poder finalmente decirle lo que nunca antes pudo.
Empero, desolado queda al encontrar solo vacío y desconcierto.
Ella no estaría más, nunca más, dijéronle. No lo acepta.
Mil veces fallece el caminante eterno y pesaroso…

Hoy, impronóstico, contempla incrédulo, expectante su retorno.
Apuesta todo porque aquella posibilidad sea certeza.
Su gloriosa y potente presencia, lo ilumina, lo ciega… lo revive.
¡¡Si, es ella, mi musa y amor sin igual, mi leonzota de tiempos idos!!, exclama.
¡Aquella por quien existí, viví y viviré al fin!, señala convencido…
Aquella de interminables, infatigables y afiebradas búsquedas esquivas.
¿Es posible que mi final haya llegado?, se pregunta incrédulo…

Extasiado, saluda y se inclina ante su increíble, y cuasi fantasmal, arribo.
Su recuerdo siempre latente, trocado presente, lo sobrecoge sin medida.
Trastrabilla ante el profundo impacto, jocundo, intenso en demasía.
Sus voces hablan, gritan… nada se oye…
Sus pasos avanzan ágiles… no se acercan… Más, no se rinde.
Aguarda exangüe, con desaforo, esperanza e impaciencia,
su abrazo  definitivo… la culminación de su búsqueda y penar.

Autor: Jorge Isaac Torres Manrique
El autor dedica el presente trabajo, al amor de su vida, Prof. Edswina Gicele Valencia Pacheco.

Jul 15

Mensajes de amor

I
Cuando escuche a la distancia una dulce sirenita,
Supe que serias mía aunque no nos conocíamos.

II
Por hacerte mía eternamente,
hago lo que tú me pidas.
Jamás ame a nadie como te amo a ti,
por eso niña linda no dudes de mi amor.
Para que creas en mí, de rodillas te suplico amor.
Estoy de ti enamorado.
Quiero hacer locuras contigo que jamás
me hubiera atrevido a hacer con nadie.

III
No puedo evitar amarte tanto;
no quiero seguir sin ti;
eres parte de mi vida.
Para ya no seguir solo;
quiero romper la distancia
y traerte a mi lado.
En tu vientre quiero que lleves
el fruto de nuestro amor.

IV
Te quiero tanto que vivir sin ti no puedo,
si no te veo voy a morir niña adorada;
ven pronto a mi, ven que contigo quiero ser feliz,
ven mi cielo,
ven conmigo que quiero entre mis brazos tenerte por siempre.
te amo tanto niña mía;
eres tan mía que sin estar contigo
te siento a mi lado porque vives trémula aquí en mi pecho.

V
Mujer, convierte mi vida en un mundo de ensueños;
introduce a mi vida la suave sonrisa de tus labios,
ornamenta mis días con tiernos suspiros de amor,
ilumina mi camino con el brillo puro de tus ojos;
colorea mi cuerpo con la suave brisa de tu aliento,
enriquece mis ojos con tu bella mirada,
inúndame con tus dulces besos
y así vas a poder comprender
porque mis días sin ti
son un invierno sin sol,
si tú no estás a mi lado me falta todo.

VI
Mi linda sirenita, mujer consentida, abre tus ojitos
y mira al cielo para que el sol pueda salir.
La mañana esta fría y me hace falta calor,
ya que no tengo el calor de tu cuerpo,
ayuda a salir al sol.
Cuando tú miras al cielo
hasta las constelaciones enloquecen
y todas las cosas de allá arriba te quieren contemplar,
aun siendo de día las estrellas quieren aparecer
y cuando cae la tarde y tú estás mirando al cielo
el sol no se quiere ocultar.

VII
Yo vivo por ti y exclusivamente para ti,
cuando te siento triste yo me siento morir,
no soporto estar lejos de ti,
yo deseo acostarme a tu lado
y amanecer en tus brazos
feliz de que tengo un ángel como compañera.
Cariño mío, yo tengo muchos sueños que quiero realizar
y deseo poder cumplirlos contigo.

VIII
Desde que llegaste a mi vida,
desde el momento que apareciste en mi camino,
desde ese momento te ame
y mi amor cada día será inmenso para ti.
Quiero que sepas siempre, que tú eres mi primer amor,
que antes que tu no ha habido en mi vida ninguna otra mujer
y que tú serás siempre mi único amor
te llevare muy dentro de mí
tan dentro que tú serás siempre mí mismo ser.

IX
Déjame dormir; ya no me despiertes,
no me desveles; devuélveme a la calma.
Si no entras a mis sueños, te apoderas de mi mente,
si estoy en cama no duermo por pensarte,
si estoy trabajando te sueño.
Sin pedir permiso entras a mi mente,
te apoderas de mí ser en todo momento,
termina de una vez esta angustia plena,
quita esta agonía de mi existencia gris,
ven con tus encantos, devuélveme a la vida
y junto a ti déjame ser feliz.

X
Te amo dulce amor mío,
no puedo dormir por pensar en ti,
que dulce pasan las horas teniéndote a ti en mi mente,
me enfrentaría al mundo entero por hacerte feliz amor mío,
siento una ansiedad al estar lejos de ti.
Ven corriendo a mis brazos amor mío porque sin ti me muero.

XI
Deseo desnudar tu cuerpo lentamente,
con mis labios recorrer tu cuerpo cada parte de tu ser,
quiero acariciarte toda,
sentir latir tu pecho junto al mío,
juntar tu frente y la mía,
acariciar suavemente tus manos de seda,
envolverte en mis brazos,
sintiendo junto a mi el calor de tu piel,
quiero hacerte mía una y otra vez
hasta quedar rendidos de amor.
Quiero que de niño me lleves a ser hombre,
Y acabes con mi inocencia.
Secuéstrame y llévame hasta ti y hazme tuyo.

XII
No me importa el mundo
y sin embargo del mundo me importas tú,
eres tú el amor de mi vida,
eres tú la felicidad de mis días,
eres tú la mujer a quien siempre voy amar,
eres tú con quien compartiré mi vida,
tú, solo tú en mi vida amor mío,
mis labios serán solo para tu boca y tu cuerpo,
de eso puedes estar segura, yo seré solo tuyo.

XIII
No tengo tiempo para dejar de pensar en ti,
en mis pensamientos eres abundante como el aire de la atmosfera,
estas latente en mi corazón,
te llevo hasta en mi sangre que corre por mis venas,
estas unida a mi alma y son un par de niñas juguetonas.
Estas en mis ojos y en cada cosa hermosa puedo ver tu reflejo,
tu voz la escucho en el verso más bonito de mi canción preferida,
eres dama sin igual y a ti no se compara ninguna,
eres tan bonita que tengo miedo perderte.

XIV
Ven cuando tú quieras que te estoy esperando,
ven cuando tú quieras, porque sin ti me muero,
aquí están mis brazos libres para protegerte
y mi vida entera para cuidarte,
por ti me sacrificare para tenerte como una reina.
Hare lo que fuera necesario por verte feliz,
siempre estarán listos mis hombros para cuando quieras llorar y desahogar tus penas.
Ven amor mío, ven cuando tú quieras que te estoy esperando.

XV
No habrá barreras para estar contigo,
la distancia te tiene lejos de mis brazos y mi cuerpo,
pero siempre estás tan unida a mí,
te llevo siempre conmigo,
en mi corazón y mi mente,
si estoy despierto estas en mis pensamientos,
si estoy dormido estas en mis sueños,
si estoy triste eres el motivo de mi alegría,
si estoy solo, tu recuerdo es mi compañía.
Tu voz es mi felicidad, a veces me creo loco
porque escucho que me llamas.

Autor: Ronald Tadeo Ramirez Elizalde

Jul 13

L a brisa en la mañana me abriga en sus brazos,
U n manojo de caricias me regala con sus manos,
N o tengo más amor que el de la brisa mañanera,
A la cual venero por ser de mi soledad compañera.

B ríos tenía para luchar y conseguir lo que quería,
L o lograba hasta que por penas cambiaron mi alegría,
A rrancaron de mis prados el verdor que ahí existía,
N o quedo más que un lugar solitario triste y sombrío,
C onmigo se quedó solo la brisa que camina igual mío,
A la cual venero por ser mi compañía en el camino.

Autor: LoboGris

Mar 4

La palabra se vuelve verso,
el verso se convierte en poesía,
el poeta la traga, bebe ese universo,
y en mieles placenteras regurgita.

Condena a esa palabra a ser su esclava,
y su voz embajadora de armonías,
que dictan sensaciones en escalas.
Que conllevan los matices de la vida.

Así surge el poeta cortesano,
de lamentos de risas y del llanto,
de un sinfín de de sentimientos artesano,
que se nutre de la crítica y el aplauso.

Vas poeta en el mundo trashumante,
del sentir de todos inferido,
nada es nuevo seguid siempre adelante,
que lo que dices hoy ya se había dicho.

Mas tu palabra es fina es subyugante,
eres un dios por la poesía bendecido,
¿mas dime poeta? si en un instante,
no te hiere la intriga del olvido.

Enviado por: Efrén Romero Acuña 2010

Ene 25

Las Doce Portilladas o Letrilla Avilesina

Pues no es mala mi memoria,
os contaré este suceso
que, si raya en el exceso,
es también graciosa historia.
Ocasión digna de gloria,
para tan bravo doncel,
cuando derramó Portillo
un orujito con miel.

Eran tres los que, temprano,
una mañana, en Sabugo,
quisieron probar el jugo
de la sidra del manzano.
Era licor soberano,
buena sidra del tonel,
cuando derramó Portillo
dos orujitos con miel.

En tierras avilesinas,
y, sin perder un instante,
buscaron un restaurante
por recónditas esquinas.
Bajaron cuestas mezquinas
y hallaron el bar aquel,
cuando derramó Portillo
tres orujtitos con miel.

Vino la sopa primero,
que al más ebrio lo perdona
cuando el estómago entona
para cuando venga el mero.
Y sirvieron el cordero
del más preciado vergel,
cuando derramó Portillo
cuatro orujitos con miel.

Fausto, viendo lo que había,
le llamaba la atención,
al tiempo José Ramón
a su gusto se reía.

Y el camarero veía
con sus manchas el mantel,
cuando derramó Portillo
cinco orujitos con miel.

Temiendo que, con enfado,
los echasen del lugar,
se intentaron reportar
con un gesto más callado.
Hubo así el postre llegado,
que fue un hermoso pastel,
cuando derramó Portillo
seis orujitos con miel.

Tras esto, el café y el puro
llegaron con gran premura,
que ya el camarero apura
para pasar este apuro.
Mas dejó en rincón oscuro
servilletas de papel,
cuando derramó Portillo
siete orujitos con miel.

Y salieron del local
pensando en lo sucedido,
asumiendo lo ocurrido,
sabiendo que estaba mal.
Y, olvidando lo fatal,
dejaron el sitio aquel,
cuando derramó Portillo
ocho orujitos con miel.

Tras la larga escalinata,
en otro bar se encontraron,
donde mucho más tomaron,
que la sidra era barata.
Pero pronto se delata
en rara selva el lebrel,
cuando derramó Portillo
nueve orujitos con miel.

Y, porque fue gran tormento
todo lo que hubo ocurrido,
pidió Fausto, divertido,
aderezar el evento.
Por eso con gran contento
le dio a Ramón un papel,
cuando derramó Portillo
diez orujitos con miel.

Y llega la inspiración,
alimento a la poesía,
cuando Ramón escribía
como suele hacer Ramón.
Mas no sabe la lección
Portillo, ya vuelto en él,
cuando derramó Portillo
once orujitos con miel.

Y por eso esta letrilla
canta con ritmo sencillo
los orujos de un Portillo
que del mundo es maravilla.
Son ya una rima que brilla
sobre un pliego de cordel,
cuando derramó Portillo
doce orujitos con miel.

Autor: José Ramón Muñiz Álvarez

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